Leo Messi acaba con cualquier opción levantinista (0-5)




Exhibición de Leo Messi en la goleada del FC Barcelona. El Levante lo intentó hasta el 0-1, después no pudo.

CRÓNICA OFICIAL | Levante UD

Messi como principio y como final: como fundamento argumental del relato que propone el F.C. Barcelona sobre el interior del verde. Messi como Alfa y Omega vertebrador del balompié del juego de la escuadra culé. Todo empieza y todo acaba en sus botas. Es evidente que ha habido fútbol antes de la aparición de Messi y es una evidencia que la disciplina proseguirá cuando haya declinado su estrella. Lo que parece incuestionable es que Messi surgió por el firmamento del Ciutat para cambiar de raíz el signo de una confrontación que, desde una cierta perspectiva, penalizó en exceso las ansias y la voracidad del combinado que prepara desde el banquillo Paco López. La catarata de goles, cinco, no debería mermar ese espíritu irredento que caracteriza al equipo granota desde el aterrizaje del preparador valenciano. La grada local premió esa propuesta firme y decidida que exhibió durante noventa minutos terroríficos a tenor del veredicto del resultado. El esfuerzo del grupo en la narración del duelo fue titánico. No obstante, no hubo justicia, ni poética. El valor no fue suficiente garantía para quebrar el ánimo de un bloque que transita por Liga anclado a las botas mágicas y virulentas de Messi.

El atacante argentino fue una especie de corsario para las huestes azulgranas. Se lanzó al abordaje de la meta de Oie desde todos los planos posibles. Fue el azote del gol, el asistente y el caudillo de una cita que gobernó con contundencia. La sonrisa en su rostro era una reivindicación y una metáfora de todo aquello que había acontecido sobre el pasto. Lo cierto es que el Levante fue fiel y previsible a sus ideales. El guion estaba marcado de antemano. El temor y el miedo quedaron recluidos en el interior del vestuario. Es una patente identificativa. La escudería de Paco López trató de intimidar a su oponente en la epifanía de la confrontación. Y circundó con peligro los dominios de Ter Stegen. No había concesiones. Ni treguas. Boateng se partía el alma buscando espacios por los que colarse para tratar de repetir la hazaña del partido que dibujó el curso pasado cuando maniató al F.C. Barcelona con un hat-trick contestado en el tiempo más cercano al presente por Messi.

El delantero africano pareció derribar la fortaleza culé con obús que hizo crujir el larguero del cancerbero catalán. El cuero chocó con la madera e inició un viaje en dirección contraria a la red de la portería barcelonista. El partido pudo cambiar. Y de hecho lo hizo, si bien fue para alejarse definitivamente del Levante. En ese punto quedó dimensionada la figura de Messi. El argentino hizo la luz para poner un balón exquisito en las botas de Luis Suárez. Estaba rodeado de defensores locales, pero encontró la pausa y el rigor necesario para rasgar el entramado defensivo con un servicio letal que rompió el marcador y la igualdad que se presagiaba en virtud de los hechos sucedidos en el interior de la superficie del campo. El Barça no mostraba signos de confort. Pero cuenta con un futbolista determinante en sus manifestaciones. El duelo se acercaba al ocaso del primer acto y la diana contenía unos efectos devastadores.

No tardó Messi en anunciar la apocalipsis. Busquets puso en marcha el radar para detectar la carrera del argentino en dirección hacia Oier. Nadie pudo contener su furia. Con espacios es imparable. Sin espacios tiene poderes para quebrantar las leyes de la física. Messi juguetea con el espacio y con el tiempo. Los dos primeros goles certifican esta argumentación. Quizás el misterio que le envuelve sea esa extrema capacidad para convertir lo irreal en real. Los goles fueron un paradigma de lo que pasaba en el campo hasta ese instante de la confrontación. En cierto modo, podría advertirse que los rivales habían intercambiado los roles. El Barcelona reinaba desde el contragolpe mientras que el Levante trataba de reivindicarse desde el uso del balón. Los goles castigaron la querencia granota a salir desde el fondo de la cueva acariciando con mimo y con suavidad la pelota. La tendencia puede ser suicida si hay desajustes. Y los hubo. Quizás el final de los cuarenta y cinco minutos iniciales advirtiera del cariz que adoptaba el duelo. El Levante no escondió la cabeza, pero contuvo la respiración tras los golpes sufridos. Messi enterró las aspiraciones locales en la epifanía de la reanudación. Todavía tuvo tiempo y pretensiones para firmar su tercer gol. Piqué redondeó un triunfo que no debería tener consecuencias devastadoras para la psique de los jugadores azulgranas.

Levante UD: Oier, Jason, Cabaco, Postigo (Prcic, m.70) Róber Pier, Rochina (Coke, m.70), Campaña, Bardhi, Toño, Boateng (Borja Mayoral, m.62) y Morales.

FC Barcelona: Ter Stegen, Piqué, Vermaelen (Arthur, m.52), Lenglet, Rakitic, Vidal (Coutinho, m.78), Busquets, Jordi Alba, Dembélé (Denis Suárez, m.81), Messi y Suárez.

Árbitro: González González (Comité castellano-leonés). Mostró tarjeta amarilla a Rober Pier y Jason, por el Levante y a Dembele, Rakitic y Jordi Alba por el Barcelona. Expulsó con tarjeta roja directa a Cabaco (m.76).

Goles: 0-1, m.35: Luis Suárez. 0-2, m.43: Messi. 0-3, m.47: Messi.0-4, m.60: Messi. 0-5, m.88: Piqué.

Fuente y Foto: www.levanteud.com

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